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Los sucesos de Luque

      Hace pocas tardes, a la hora de la llegada de los correos, las personas que transitaban por el paseo de Gran Capitán y sus proximidades presenciaron el impresionante espectáculo del paso de ocho o diez campesinos, esposados, con los petates a cuestas, que iban en dirección a la cárcel conducidos por varias parejas de la guardia civil. Enseguida circuló entre los curiosos la noticia: "son los de los sucesos de Luque".
      Efectivamente, 17 presos hay en la cárcel de Córdoba como consecuencia de dichos acontecimientos. Desde luego todos los presos son obreros del campo que tuvieron intervención más o menos directa en la huelga desarrollada últimamente en la referida villa. Por lo visto los han encartado en un serio proceso por agresión a la fuerza armada. Personas de aquel pueblo nos dicen que la situación del mismo, política y socialmente es tristísima. Las calles no se empiedran y andar por ellas es peor que ir a través de los campos; hay una la de los Alamos, por la que discurre un anoyazo que arrastra fango e inmundicias y socava los cimientos de las casas contiguas, sin que el Ayuntamiento cuide ni poco ni mucho de arreglarla. Las fuentes y abrevaderos están descuidadísimos; la enseñanza, especialmente de los niños, y la asistencia médica en gran abandono; los caminos, veredas y abrevaderos de la población, sin urbanización, higiene, ni cuidados de ninguna clase. Así, en general los servicios públicos. Gran parte del vecindario culpa de tan deplorable estado de cosas al alcalde, militar de no modesta graduación, retirado, al que las censuras de la opinión parece que le irritan con intensidad un poco excesiva. Conviene no perder de vista la gestión y la figura de este señor, porque según autorizadas referencias contra él iban principalmente las manifestaciones populares que dieron origen a los hechos sangrientos. Los obreros de Luque, aparte de que lamenten y vituperen la actual administración de su municipio, se quejan amargamente de las desconsideraciones de que les ha hecho objeto el alcalde. Dicen que, cuando después de pactar a primeros de noviembre con los patronos las bases para el trabajo agrícola, se encontraron con que aquellos las infringían y acudieron en queja a la primera autoridad local, esta no les hizo caso y en igual actitud ha continuado hasta la huelga reciente, en la cual no ha dado ninguna contestación a las demandas de los trabajadores. Los braceros luquenses son dignos de verdadera lástima. No les ocurre como a los de otras localidades en que hay alguna propiedad repartida y en que un tanto por ciento crecido de trabajadores poseen parcelas con que se ayudan a vivir. El término de Luque, casi entero, está en manos de señores de Baena, Carcabuey, Priego, etc. y de los herederos de la marquesa de Alcaudete. La inmensa mayoría de los jornaleros lo son en absoluto, es decir, viven exclusivamente del salario. Y este invierno han sufrido una desgracia más, por efectos y ello es muy doloroso, de uno de los acuerdos de la asamblea de Castro del Río. Consistió tal acuerdo en dar para la colocación de los parados preferencia a los obreros de la misma vecindad que el patrono que labre la finca, aunque esta se halle enclavada en distinto término municipal. Así los parados de Luque no han podido trabajar en las tierras de su municipio, sino en tanto aquellas han estado en poder de vecinos de Luque, pero si han pertenecido a propietarios avecindados en Carcabuey, por ejemplo, no han podido los luquenses ganar el jornal en ellas, a no ser en el caso de estar todos los de Carcabuey colocados, lo hayan querido permitir dichos compañeros circunvecinos. Repito que esto es muy doloroso. A mi juicio debe revisarse el citado acuerdo de la asamblea de Castro y adaptarlo mejor a la justicia.
      Todo un invierno sin trabajar apenas; los alimentos a precios elevadísimos; el desvío de la autoridad hacia los que, hostigados por el hambre piden ocupación, es natural que estas y otras causas, produjeran en el proletariado luquense una excitación grandísima. La directiva del Centro obrero, ya sin autoridad sobre la masa, sin soluciones prácticas que ofrecerle, y temiendo además que al menor pretexto fuese clausurada la sociedad, resolvió clausurarla voluntariamente durante 10 días y en tal sentido con fecha 13 ofició al alcalde. Es un toque de atención bastante significativo para que aquel hubiese buscado términos de concordia que evitaran el conflicto. Sin embargo, la autoridad continuó impasible, no pensando seguramente en que gobernar es transigir, sino, según todas las apariencias, obrando siempre bajo la obsesión de mantener el principio de autoridad a toda costa. Habían salido comisiones a los cortijos para pedir a los obreros de otros pueblos ocupados en el término que abandonaran el trabajo. El día 14, a la vuelta de dichas comisiones, exacerbados los ánimos, los compañeros comisionados y otros, y numerosas mujeres, se dirijieron al Ayuntamiento pidiendo frente al mismo la destitución del alcalde. Entre este y la multitud está la guardia civil. Por momento se agrava la situación. Sobre los gritos y denuestos suena un disparo y un campesino anciano cae muerto. Otro campesino joven, enloquecido se ha destacado de los grupos y empuñando un arma blanca, ha saltado al cuerpo de un guardia. Atravesado por una bala de mauser, queda inmediatamente sin vida el temerario agresor, a los pies del compañero de pareja del agredido. Coinciden los diferentes informes en afirmar como verídica esta versión acerca de la muerte del obrero joven. En cuanto a la del anciano, hay distintas explicaciones. Se ha dicho que el desventurado estaba en frente de donde se hallaba el alcalde y que cayó el primero herido sin que se advirtiese que disparaba sobre él la guardia civil. La autopsia habrá revelado si la bala que le mató era o no de browing. Hasta conocer este dato y adquirir otros informes dejo sobre este punto en suspenso mi juicio. A partir de los momentos en que acaecieron los hechos que acabo de relatar, los disparos fueron numerosos, las gentes corrieron despavoridas en todas direcciones, el pueblo quedó consternado, y sobre sus casas flotó primero, para extenderse después por toda España, más o menos desfigurada, la nube de la tragedia. El guardia civil herido parece que mejora notablemente. El alcalde de Luque no sabemos que dimitiera, ni que haya sido destituido. Los trabajadores de aquella villa continúan sin ocupación; sigue clausurado el Centro Obrero que contaba con más de 800 socios. Al pasar su presidente, Juan Luque, un campesino joven, de aspecto simpático e inteligente por las calles de Córdoba, conducido por la guardia civil, una persona de Luque, con quien yo iba a la sazón, mostrándomelo desde lejos, me decía: aquel es el presidente del Centro Obrero, yo se que estuvo durante los sucesos en una casa particular muy respetable y no cometió desmán alguno. Parece que lleva muy inflamado un lado de la cara y un ojo de ese lado mismo. Sí son golpes; él y otros de los presos también tienen señales de ellos en todo el cuerpo y algunos muy singulares, que serían dolorosísimos en las espinillas..." ¿Tan grande fue la lucha? ¡Ah, la lucha tiene terribles consecuencias, considere que estamos en el país de Monjuich!. Obreros de Córdoba y su provincia: acordaos de esos 17 desventurados campesinos presos por los sucesos de Luque.

Luque.Constancio Avilés
(artº reproducido de la revista "Andalucía", abril de 1919)
Luque “Estudios Históricos”
Antonio Barragán Moriana
Universidad de Córdoba.

 
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