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ACTO-HOMENAJE FUSILADOS EN LUQUE
75 ANIVERSARIO

     Las últimas semanas, los últimos días, están siendo días extraños, días de recuerdos emocionados, de enorme dolor por los incontables crímenes de crueldad infinita, en todas sus modalidades…. En tantos lugares…
     Están siendo días  de ausencias, de silencio, días de víctimas y monstruosidades olvidadas incluso entre los olvidados…
     De modo que con esta breve recapitulación no habría ni por dónde empezar. Aún hoy continúan existiendo en España más de 150.000 desaparecidos en fosas clandestinas y un número indeterminado de niños robados por la dictadura de Franco a sus verdaderas familias, y entregados a otras afines al régimen consideradas como “más adecuadas”. Y junto a ello, los miles de muertos.
     Justicia y dignidad para ellos, eso es lo que pretendemos hacer esta tarde, en la medida de nuestras posibilidades y con toda humildad.
     Yo no soy historiadora, ni voy a pretender serlo, pero si quiero hacer una breve síntesis de aquellos días de  y las primeras fechas de la guerra civil, una guerra de la que ya han pasado 75 años y a cuyas víctimas, muchas de ellas familiares nuestros, nuestros padres, nuestros abuelos, aún  no se les ha hecho justicia.
      Setenta y cinco años de injusticia, setenta y cinco años de impunidad. Es hora de romper el silencio.
     Mi visión sobre esta guerra se va a centrar en lo acontecido en Luque, basándome para ello en distintos historiadores, a los que desde aquí quiero dar las gracias por la gran labor de memoria que han realizado. Gracias a Juan Ortiz, a Isidoro Sánchez y a Francisco Moreno, autores que me han servido de guía en esta exposición.
     Y gracias, sobre todo, a todos los presentes, fundamentalmente a los familiares de las víctimas y por tanto, víctimas también. Se lo duro que para ellos va a ser escuchar el relato de los hechos, hechos que, aunque por todos conocidos, nos van a hacer revivir de algún modo aquellos días. Pero precisamente esos días y esos testimonios forman parte de nuestra historia y como tal, debe ser conocida por todos. No podemos continuar relegándolos en el olvido.
     Sé que se van a quedar muchos nombres atrás, pero mi objetivo hoy es centrarme en los fusilados de la plaza de Luque. Tan valiosas eran las vidas de estos como las de los que hoy se queden sin nombrar; tan injusta la muerte de unos como de otros. No obstante, por ser mañana la fecha conmemorativa, creo que era justo y necesario llevar a cabo este humilde acto. Valgan los nombres de los aquí citados hoy para recordar e intentar hacer justicia con todos y cada uno de nuestros muertos y represaliados en la guerra civil. En ningún momento voy a intentar buscar culpables, solo rendir homenaje a esas personas que perdieron lo más valioso que tenían, su propia vida por, en algún momento, haber defendido sus ideas. E incluso en muchos casos, el simple hecho de haber participado en una huelga o un simple comentario fue excusa suficiente para acabar con su vida.
     Y ya, sin más preámbulos, voy a entrar de lleno en la narración de los hechos.
     El 16 de febrero de 1936 gana las elecciones el Frente Popular de izquierdas. De inmediato, una avalancha de denuncias contra los patronos que no han respetado las bases de trabajo afluye a los jurados mixtos, que, bajo la batuta de la nueva administración, presentan otra vez un cariz favorable a los trabajadores. Los sindicatos resurgen más potentes que nunca. Arrecian las huelgas. Los salarios suben como en el primer bienio de la República. Entre los jornaleros, muchos perciben el cambio de inmediato.
     En el Cabezuelo, el barrio más mísero de Luque, vive con sus hijos una viuda aficionada a inventar y cantar coplas de carnaval. Durante el  de 1936 pone, entre otras, está en circulación:

Cuando mandaba Gil Robles
Yo no tenía ni mantón
Y con el mando de Azaña
Me he comprado un toquillón.

     Cuando en verano triunfe la reacción armada, esta mujer pagará muy caros estos graciosos versos sobre el toquillón que nunca tuvo y con el que por fin pudo abrigarse en la primavera de 1936. Su desparpajo nunca será perdonado, ni la gráfica sencillez con la que contraponía el esperanzado mandato del Frente Popular a la política de negra reacción social de los dos años anteriores.
     El 17 de julio de 1936 se sublevan contra el gobierno legítimo de la república, las guarniciones del protectorado de Marruecos, secundadas al día siguiente, a lo largo del Valle del Guadalquivir, por las de Sevilla, Córdoba, Cádiz y Écija.
     Triunfante la revolución, en la capital de la provincia, al atardecer del 18 de julio se enviaron telegramas a los puestos de la Guardia Civil, ordenándoles la declaración del Estado de Guerra. En Luque probablemente se recibiría dicha orden la noche del 18 o la madrugada del 19. Previsiblemente, la principal oposición a la sublevación militar la deberían mantener los afiliados al Centro obrero, situado en el número 55 de la calle Marbella y conocido por muchos de nosotros actualmente como la Cámara agraria. La guardia civil, consciente de la organización tan endeble que tenían los partidos republicanos, efectuó contra el centro obrero su primera acción, al rayar el alba del día 19.
     Esa noche también se estaba conociendo en aquel lo que estaba sucediendo, fundamentalmente a través de una radio, que habían comprado los afiliados. También parece que pudieran haberse introducido algunas armas en el mismo, escopetas y pistolas, en muchos casos escondidas en las vestimentas de las mujeres. Se organizaron algunas rondas por el pueblo para tener informados a los reunidos de lo que estaba sucediendo. Se enviaron comisiones a los cortijos del término, donde trabajaban, en faenas de recolección, obreros afiliados al centro, con la consigna de que había estallado la revolución y debían concentrarse en aquel. Las comisiones, junto con los obreros que recogieron, regresaron al pueblo, ya de madrugada, por el camino de la fuente Luque. En este lugar se concentraron alrededor de 50 personas. Entraron en el pueblo por la calle Algarrobo, siguieron por Berrejalos, bajaron por la calle Cuca hasta llegar a la calle Alta y de aquí al Centro. En este, las opiniones eran diversas: unos, con el Presidente de la Sociedad Fraternidad Campesina al frente (Antonio Marzo Carrillo), eran partidarios de seguir las consignas que, por la radio, estaban dando algunos líderes nacionales de los partidos de izquierdas y pasar a la acción para intentar apoderarse del pueblo. Otros, con Juan Luque Molina, más conocido como Puchita, presidente del Partido Socialista, a la cabeza, eran partidarios de esperar el desarrollo de los acontecimientos. Se impuso esta última.
     Aquella noche del 18, al parecer, se recibió en el cuartel de la Guardia Civil, al igual que en otros puestos de localidades pequeñas, orden de concentrarse en la localidad cercana más grande, en nuestro caso, Baena. Esa orden no se materializó, posiblemente por encargo especial del jefe de la sublevación en Córdoba, Coronel Ciriaco Cascajo Ruiz. Se daba la circunstancia de que el Coronel Ciriaco Cascajo era, por su madre, oriundo de Luque, pueblo en el que habitaban sus dos hermanas, a las que el artillero, solterón empedernido, estaba muy unido. Velando pues, por la seguridad de su familia, Cascajo ordena que las dotaciones de la Guardia Civil de varios pueblos y aldeas del campo de Priego se concentren en Luque, aunque el puesto local no tiene categoría de cabecera de línea. En un primer momento, el sargento comandante del mismo, Pantaleón Jorge Sáez, se muestra partidario de mantener la fuerza acuartelada.
     En la casa cuartel de la Guardia Civil, antiguo domicilio del gran propietario Juan de Dios Serrano, abuelo materno de Ana Botella, permanecen el sargento y el resto de los guardias, cuyas familias son alojadas en las casas de alrededor. En las esquinas próximas levantan parapetos defensivos, en los que también hacen guardia algunos derechistas. Pero este conjunto resulta de difícil defensa por encontrarse en el centro del declive que hace la calle céntrica del pueblo, la carrera de don Niceto Alcalá Zamora, que pronto será rebautizada como del coronel Cascajo por la nueva comisión gestora del Ayuntamiento y que actualmente solo conocemos como Carrera.
     Mientras en el centro permanece la indecisión y en el cuartel se optó por permanecer en el pueblo, al alba del día 19 una pareja de guardias se presentó en aquel para detener a los allí reunidos. Estos se entregaron sin oponer la menor resistencia, seguramente inconscientes de la tragedia que después se iba a cernir sobre algunos de ellos. El número de detenidos pasaba de 40. En un principio los llevaron al patio del cuartel, pero al día siguiente o al otro los encerraron en un salón contiguo, que hasta entonces estaba ocupado por una taberna. Aquel mismo día 19.
     Ese mismo día recibió la Guardia Civil refuerzos procedentes de Fuente Tojar. Este hecho puede ser una corroboración más del interés de Cascajo por Luque, ya que lo normal hubiera sido que estos guardias se hubieran concentrado en Priego, cabecera de línea.
     A las 8 de la tarde, Pantaleón Jorge se incautó del ayuntamiento, que por aquel entonces estaba en el número 14 de la calle Carrera, ya que el actual se estaba construyendo.
     El día 20, a mediodía, llegó un tren procedente de Jaén repleto de milicianos, dirigidos por el diputado socialista por aquella provincia, Alejandro Peris, a los cuales se unieron los obreros que residían en la estación, fundamentalmente ferroviarios.
     Peris mantuvo una conversación telefónica con Pantaleón, instándole a que dejara en libertad a los presos, ya que en caso contrario, asaltaría el pueblo. Pantaleón se negó y los milicianos, con escaso armamento, atacaron.
     El sargento, que contaba con una docena de guardias, era partidario de acuartelarse, pero fue convencido por el cabo para salir del cuartel y hacer frente a los atacantes. Este organizó la defensa del pueblo con una veintena de personas. Se dispusieron los principales puntos de defensa, paseo del Rosario y tajo del algarrobo y después de un tiroteo cruzado que duró cuatro horas, se retiraron los atacantes, al parecer con algún herido. Aquella misma tarde se marcharon otra vez para Jaén, quedando en la estación los allí residentes y los obreros que en los días sucesivos huyeron de Luque y se les unieron. El número de los concentrados en pie de guerra oscilaría alrededor de 80 personas. El armamento con el que contaban era rudimentario y escaso (armas blancas, algunas escopetas y 3 o 4 fusiles).
     Mientras la Estación y buena parte del término estaba dominada por los obreros, en el pueblo se organizan milicias cívicas y de falange.
     La mañana del 31 de julio, el teniente Sánchez Ramírez, que en los días previos había originado una auténtica masacre en Baena, extiende sus atroces represalias al vecino Luque. Acompañado de un puñado de guardias y dos aguerridas mujeres, armados todos con ametralladoras, se presentan en el pueblo. Las señoras visten sendos monos azules. En la plaza de la constitución y a lo largo de la carrera se les une una masa de curiosos, mujeres y chiquillos sobre todo.
     Cuando la comitiva llega a la casa cuartel, salen a saludar al teniente el sargento Pantaleón Jorge y sus guardias, cuyas mujeres e hijos, alojados en los domicilios particulares de alrededor desde que se concentraran en Luque las dotaciones de los pueblos y aldeas cercanos, se asoman a balcones y ventanas o salen a la calle y engrosan el grupo de gente que, presagiando la tragedia, se agolpa ante la puerta del cuartel.
     El teniente pretende fusilar, de inmediato, en la plaza de Luque a las decenas de presos que se hacinan en el salón colindante con el cuartel. El pánico se apodera de todos a su alrededor, sobre todo de las mujeres de los guardia civiles, Instintivamente conscientes del peligro que corren ellas y sus familias cuando, consumada la masacre, el teniente y los suyos vuelvan a Baena.
     La consternación embarga por momentos a todos los que se hacen idea de la situación. El sargento y sus guardias se esfuerzan en explicar al teniente que los presos de Luque han sido detenidos como prevención más que como represión de un movimiento, que en el interior de este pueblo en realidad no se ha producido. Pero es la mujer de Pantaleón, secundada por las de los guardias, la que con su actitud decide la situación. De rodillas ante el teniente y agarrándose literalmente a sus piernas, le suplica por Dios que no fusile a aquellos hombres, que no han hecho nada, consiguiendo ablandar en parte al monstruoso teniente.
     No obstante, después de un largo regateo con éste y sus guardias, saca a Juan Luque Molina, Puchita, presidente del Centro Obrero; a  Antonio Marzo Carrillo, conocido como Sardinas; a los hijos de la verraca, la mujer del cabezuelo que cantaba graciosas copletas de carnaval, José Mansilla López y Francisco Mansilla López  y a tres presos más, Juan Carrillo López, Pedro Serrano González y José Farrago Cubero y a los siete los fusilan en la plaza. Por el camino, iban recogiendo a todo el que encontraban a su paso, para que presenciasen el fusilamiento. Después del mismo, ordenó tocar las campanas en señal de alegría por haber sido eliminados aquellos rojos.
     Como en tantas otras localidades, el primero en caer, víctima de las represalias, es el dirigente moderado que en los primeros momentos solo piensa en controlar a los suyos a fin de que no causen destrucciones y males mayores.
     La mujer de Puchita y sus seis hijos escuchaban las descargas del fusilamiento desde su domicilio, situado a pocos metros del paredón, en el tramo de la calle empedrada conocido como el arco. Presas del pánico y abrazados unos a otros, se esconden en el fondo de la casa.
 Para terror y escarmiento del pueblo de Luque, los cadáveres de estos siete hombres permanecen largas horas bajo el sol abrasador, tendidos ante el paredón.
     Una vez empezado el caos y la tragedia de una guerra, poco importan los derechos de las personas, y entre ellos el fundamental, el derecho a la vida. Lo que interesaba era eliminar al opositor político, al enemigo de clase social que hubiese contribuido, más o menos activamente, bien a cambiar las injustas condiciones sociales o bien a continuarlas.
     En Luque existieron otras formas de represión, llamemósles, menores, como fueron el rapado de cabeza, la ingestión de grandes cantidades de aceite de ricino y palizas.
El rapado de cabeza fue aplicado, exclusivamente, a las mujeres que, a juicio de las nuevas autoridades, se habían destacado en sus crímenes o burlas públicas contra la derecha o la iglesia. Estos rapados dieron lugar a que algunas de estas mujeres fueran conocidas con un apodo relacionado con este hecho.
     El aceite de ricino y las palizas eran aplicados a los detenidos en el salón, donde algunos de ellos estaban solo porque tenían algún familiar en la otra zona. Cuando eran llevados al cuartel para algún interrogatorio se les aplicaban estos métodos o incluso se les ponía una pistola en la cabeza amenazándolos de muerte o les hacían estar toda la noche de pie en algún rincón del cuartel.
     Las condiciones de vida de los detenidos en el Salón eran difíciles y angustiosas. Se desenvolvían en un espacio cerrado y reducido, durmiendo sobre jergones en el suelo, teniendo la propia familia que llevarle la comida. Sus necesidades físicas las hacían en un cubo, a la vista de todos; pero lo más angustioso era pensar si su nombre sonaría en alguna saca nocturna. En estas sacas se repetía normalmente el mismo ritual: de madrugada, eran levantadas del suelo, donde estaban tumbadas, las personas elegidas. Eran subidas a un camión. En el cajón iban los presos con un vigilante o dos y en la cabina el conductor con otro par de vigilantes. En otro coche, siguiendo al camión, iban otros dos miembros del piquete.
En Luque no debería haber ocurrido ningún fusilamiento. Sobre ningún fusilado, tanto de un bando como de otro, recaía ningún delito de sangre o violencia. Por tanto, fueron víctimas inocentes del odio y la barbarie de una guerra civil.
     Como ya he dicho antes, lo que más temían los presos es que su nombre apareciera en alguna saca nocturna. A aquella primera saca a la que hoy conmemoramos, siguieron otras. A continuación voy a dar una relación con los nombres de las personas que fueron “sacadas”, así como la fecha y el lugar donde fueron fusilados.

Fecha: 31-7-1936.
Lugar: Paredón de la Plaza .

- Juan Luque Molina, 42 años, pescadero, presidente del P. Socialista. 
- Antonio Marzo Carrillo, 32 años, jornalero, presidente de Fraternidad Campesina.
- Juan Carrillo López, 37 años, jornalero. 
- Pedro Serrano González, 26 años, jornalero. 
- José Fárago Cubero, 21 años, jornálero.
- José Mansilla López, 19 años, jornalero y acólito.
- Francisco Mansilla López, 24 años, jornalero (hermano del anterior). 

Fecha: 5-9-1936.
Lugar: Córdoba.

-José Pérez Cuadra, 46 años, jornalero
Fecha: 18-9-1936.

Lugar: Km. 5 de la Ctra. de Cabra a Monturque o en  la Ctra. de Lucena a
Monturque, en el sitio conocido como la "Estacada de los Muertos".

- Antonio Corpas Arrebola, 43 años, empleado municipal, socialista. 
- Manuel Cubero Ortiz, 28 años, jornalero.
- Ángel García Caballero, 36 años, jornalero.
- Antonio Gámez Aguilera, 25 años, jornalero. 
- José Cañete Tienda, 25 años, comercio, socialista. 
- José Castro Carrillo, 21 años, jornalero, socialista.

Fecha 20-9-1936.
Lugar: Cementerio de Zuheros.
 
- Juan Zoilo Mansilla López, 26 años, jornalero. 
- Antonio Sánchez Serrano, 27 años, jornalero. 
- Domingo Lucena González, 25 años, jornalero

Fecha: 2-10-1936.
Lugar: Km. 5 de la Ctra. de Cabra a Monturque. 

- Agustín Castro Mansilla, 55 años, barbero. 
- Rafael Castro Carrillo, 26 años, jornalero. 
- Antonio Castro Carrillo, 27 años, jornalero. (Estos dos, hijos del 1°). 
- José María Molina Moral, 46 años, jornalero, socialista. 
- Francisco Moral León, 57 años, jornalero.

No hay constancia del lugar y la fecha exacta.

- Francisco Ortiz Mansilla, 26 años, jornalero.
- José Gómez Ortiz, 24 años, jornalero. 
- Manuel Flores Gómez, 60 años, jornalero. 
- Salvador Porras Alba, 57 años, jornalero. 
- Francisco Porras Alba, 40 años, jornalero. (Hermano del anterior). 
- Manuel Baena Tienda, 20 años, jornalero, Juvent. Comunistas.
 
Fecha: 11-12-1936.
Lugar: Cementerio de S. Rafael (Córdoba).
 
- Antonio Navas Moreno, 76 años, labrador, nicetista. 
- Antonio Navas Calvo, 37 años, jornalero (hijo del anterior). 
- Emilio Galisteo Gómez, 27 años, jornalero.
- José Ordóñez Otero, 67 años, jornalero. 
- Agustín López Ortiz, 29 años, jornalero. 
- Francisco López Ortiz, 33 años, jornalero (hermano del anterior). 
- Manuel Lucena Muriel, 50 años, jornalero.

Fecha: 14-12-1936.
Lugar: Córdoba.

-Agustín Cañete Moreno, 31 años, jornalero. 

Fecha: 11-3-1938.
Lugar: Córdoba.

- Emilio Lucena González, 28 años, jornalero.
- Antonia López Carrillo, 59 años, ama de casa.  

     Esta es la mujer del cabezuelo que cantaba coplas de carnaval, conocida por todos como la Berraca; la única mujer fusilada en nuestro pueblo.
     Hubo más muertos, muchos más, todos ellos víctimas inocentes sobre los que pesan 75 años de injusticia. A todos ellos, mi más sentido reconocimiento.
     Y ya sin más, les dejo con nuestro paisano, José Navas Molina. El ha escrito algunas poesías para la ocasión y creo que estas serán el broche de oro para finalizar un acto tan emotivo como el que hoy hemos pretendido hacer.

Buenas noches y muchas gracias.

Luque, 30 de julio de 2011
M. Carmen Poyato León

 

VOZ Y POESÍA: LOS ECOS DE LA MEMORIA
(Luque, 30 de Julio de 2011)

     (El texto que sigue es un extracto de mi intervención en el acto anteriormente señalado. Como se deduce del mismo, la auténtica conexión entre poeta, poema y oyente se da en el contexto (temporal y espacial) del recital. Fuera de él todo suena distinto, pero pese a ello espero que aquellos que  lean los poemas- y no estuvieron allí presentes - sepan captar la intensidad de lo que expresan y el profundo respeto que me merecen aquellos que de un modo u otro  los inspiraron. No obstante omito los poemas que fuera del mismo difícilmente lograrían alcanzar el fin último para el que fueron escritos, y espero tener una nueva oportunidad de recitarlos en el futuro ante mis paisanos. No quiero dejar por expresar mi agradecimiento a Francisco León, por la ayuda técnica prestada en el acompañamiento musical de alguno de esos poemas.)

    (…)  

     Yo también he intentado explicar qué es para mí la poesía en múltiples poemas, buscando en definitiva una respuesta a esa pregunta: ¿Qué es el verso?

El verso es el eco de la voz en el viento.
El verso es la esencia del hombre en el tiempo.
El verso es el aire que acuna el silencio.
El verso es la llama que alumbra el desaliento. (…)

     La poesía es esencial para toda comunidad que desee sobrevivir, ya que es la única capaz de condensar la experiencia de esa comunidad haciéndola comprensible para todos.

     En mi afán por hablar hoy de poesía la asocio- en un triángulo fértil y sonoro- a la voz, el eco y la memoria.

     VOZ: por tal entendemos la capacidad para expresar (o expresarse) de modo personal, particular, y  ofrecer así  una visión propia, distinta, de aquello que nos sucede o sucede a nuestro alrededor… En el ámbito de la creación poética  lo que cada uno puede entender como voz poética. Y Luque es tierra de grandes poetas, de sonoras voces poéticas, algunas muy cercanas , como por ejemplo las de Rafael, el cantor de Morellana, y las de aquellos que contribuyeron a la publicación de aquel recopilatorio de poesía popular titulado “Para siempre en nuestra memoria”.

  (…)    

“ Poeta es aquel que tiene el don de idear y expresar lo que los demás presienten y no saben decir” (Eduardo Marquina) 
o no llegan a decir y  les hubiera gustado hacerlo. En mi caso no pretendo ser tan pretencioso- y   me ahorro el don- y me sitúo al lado de J.M. Serrat cuando, en su discurso en la Complutense. 2008, fue preguntado acerca del éxito obtenido con los poemas de diferentes autores que había musicado –Machado, M. Hernández, Benedetti…- dijo: “Lo hice porque los versos sonaban a canciones . Canciones bellas e inteligentes que a mí me hubiese gustado escribir.”

Y él puso su música y su voz a los poemas que otros escribieron, que tuvieron otra voz primigenia

       En mi caso añadiría las palabras escritas por Jaime González en el prólogo de mi nuevo poemario dedicado a Luque, aún sin editar, y que llevará por título Espigas del Sur, donde destaca la importancia de  bucear  en el acervo familiar y colectivo. Y explorar lo que tienen que decir los que no tienen voz. Y sentir las voces de los ausentes. Y poner voz a lo que podrían contar las propias piedras cansadas de observar a los humanos; quienes, por cierto, tropezamos siempre en las mismas piedras.

       “Cuando un poema está escrito se termina, pero no acaba: empieza, busca otro en sí mismo, en el autor, en el lector, en el silencio…” (Pedro Salinas) o en el oyente.

       El lector ha de sentir la voz del poema, o escuchar la suya mientras lo lee, o escuchar el coro de cuantos la leen con él, compartiéndolos (voces y poema) “El poema es un nexo entre dos misterios: el poeta y el lector” (Dámaso Alonso) y en múltiples ocasiones la fortaleza de ese vínculo es desbordante  y el lector se reconoce profundamente en lo escrito por aquel. 

(…) 

ECO: este vértice del triángulo es un término que contemplo en sus múltiples  acepciones, y todas ellas contribuyen en alguna medida a la dimensión poética que le concedemos:

      - algo que está notablemente influido por un antecedente o procede de él.
      - sonido que se percibe débil y confusamente
      - rumor o noticia vaga de un suceso
      - resonancia o repercusión de una noticia o suceso     

     “Mi voz es el doliente pulso del corazón”, dice José Chacón, poeta natural de Cuenca y alcalaíno de adopción, y ¿cuántos lectores- entre los que me incluyo-  no han sentido entre sus versos los ecos del latido propio?

    Cuando invitamos a leer a nuestros alumnos, a nuestros hijos, les pedimos que lo hagan de forma despaciosa, atentos a los matices y a los ecos que subyacen en las páginas que leen y que resuenan en nuestro interior. Tanto más aún cuando nos referimos a textos poéticos, donde los ecos emergen con sabores dispares, reverberan como latigazos de emoción incontenibles, nos proyectan sobre espacios y tiempos que nunca abandonamos del todo, nos devuelven voces dormidas en nuestro interior… Son los ecos de la memoria.

MEMORIA:  Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. Facultad prodigiosa y fascinante que permite retener y recuperar  imágenes, momentos…sin necesidad de cámara, álbum ni puerto USB

(…)

     La memoria se proyecta en una dimensión temporal, de ahí que A. Machado manifestase que “la  Poesía es la palabra esencial en el tiempo”.

     “Y es en el tiempo donde el poeta canta a los temores, las esperanzas, resignación, la inquietud, la angustia, el amor, el dolor…: ingredientes fundamentales de la esencia y la conciencia humana” (A. Machado). (…)

     Y  en ese terreno el manantial  de la memoria –individual o colectiva- es inagotable, y la fuerza de los recuerdos una energía que nos agita por dentro.
     Y sintamos, por fin, la voz del poeta reproducir los ecos de su/la memoria (y sobre todo, a la par, escuchemos y vivamos los propios)

     “Quiero serenar la mar
       de mi memoria y no puedo” ( Aquí, José Chacón)

     La memoria histórica  genera poemas donde  los ecos cainitas, de rencor, odio y violencia fraternal no terminan de apagarse del todo. Hay que escucharlos para que al compartirlos se vaya diluyendo el dolor que producen los recuerdos ( y la rabia de saber que hasta se arrebataron los nombres a los lugares más emblemáticos del pueblo)

Fuente de la Libertad
Fuente de la Libertad,
siete amapolas de julio,
con su sangre derramá
tiñen tu piedra de luto.

Aljibe de camposanto,
aguador de la memoria,
espéculo del quebranto,
cruel cántico de discordia.

Fuente de la Libertad,
los cuatro caños del cielo
son humilde manantial
y alondras de abrevadero.

Hálito de humanidad,
donde el vencedor, vencido,
purgará su iniquidad
con la furia del olvido.

Fuente de la Libertad,
tu agua no mueve molino,
desembocaste en el mar,
donde se estiba el destino,

pero retumbas triunfal,
agitador remolino,
en la raíz inmortal
donde florece el olivo.

     Los ecos de la infancia, con ser los más lejanos, suelen resonar con mucha fuerza, y su vigencia perdura y crece en intensidad con el tiempo. Solemos olvidar muchos datos y detalles, pero posiblemente los recuerdos tengan una entidad propia y una presencia colectiva que los ayuda a sobrevivir, refugiados a saber dónde. Quién sabe si son palabras póstumas ocultas en un baúl, o si son sueños caídos desde una cruz:

Cruz de los sueños caídos

Como una sombra gris de luz caída
de la firme roca que te sustenta,
que te eleva al cielo y  al aire que avienta
el agrio polen de la flor partida.

Como figura siempre renacida,
por los rayos  del sol que te alimenta
desde el alba a la tarde cenicienta,
ceniza y piedra de dolor heñida,

así te muestras, insigne silueta,
anclada en el cantil de mi niñez,
despeñadero de tantos olvidos

que yo rescato desde la meseta
en homenaje a tu santa sencillez
humilde cruz de los sueños caídos

        Acaso los recuerdos se vayan calando y deslizando hasta llegar a una misteriosa sima del olvido, que jamás ha de ocupar el corazón de los pueblos. El soneto titulado Aljibe se acerca y nos acerca a lo insondable de nuestra historia. El legado de nuestra andadura colectiva, con sus luces y sus sombras, no debe ser olvidado, pero sólo cobrará sentido pleno cuando dejemos que del recuerdo crezcan flores y claveles que alegren nuestros muros y los de nuestros convecinos. No olvidemos recordarlo. A eso se le llama también reconciliación:

Aljibe

Misteriosa sima del olvido,
que ocultas del caudal tus aguas verdes
y en el correr del tiempo nunca pierdes
el orgullo de ser filón dormido.

Al abrevarte emanas lo vivido
en cántaras de aromas albiverdes
y con las fauces de tus grietas muerdes
con el ardor febril del oprimido.

Cual abnegado foso de laureles
bebiste de la sangre envenenada
en seculares duelos fraternales.

Y surtidor alegre de claveles
abandonaste tu alma encastillada
para encalar de flores mis murales.

         La memoria visual permite proyectar el éxtasis de la mirada sobre imágenes concretas, que se perciben en el momento más tierno de la vida, luego se recuperan en el tiempo revestidos de colores y sonidos nuevos, y finalmente se descubre que las cosas fueron como fueron, y no como las habíamos imaginado. La intimidad es el espacio donde los ecos de la soledad, el dolor, la injusticia, la marginación y la evocación del amor perdido encuentran también su lugar, aunque sea en el largo invierno que llegó después.

(…)
 
    Los ecos de la memoria también tejen historias que se han ido construyendo a lo largo de la vida y que el azar pone un día ante ti: voces y vivencias de otros que te llegan dentro de un arcón, de las que respetuosamente te apropias, y  las devuelves en un poema rebosante de lágrimas:

(...)   

     Voz y poesía, inagotables fuentes sonoras, donde han resonado, resuenan y resonarán eternamente los ecos de la memoria. Y es con el agua de esas fuentes con la que  quiero regar simbólicamente la pared donde se produjo el 31 de julio de 1936 el doloroso suceso que hoy, setenta y cinco años después, recordamos y conmemoramos en este acto:

Versos del paredón

Quiero regar con versos la pared
donde brotó tanta sangre inocente,
cuando estalló tanta furia indolente
aquel verano de rabiosa sed.

El odio extendió su funesta red
emponzoñando corazón y mente,
la crueldad del hombre gritó ¡ presente!
y Dios lo abandonó a su merced.

El sol testimonió el fusilamiento,
las campanas repicaron al son
haciendo alborozo del sufrimiento.

Aunque la historia otorgue su perdón,
y el tiempo alivie su remordimiento,
la infamia quedará en el paredón.

José Navas Molina

 
 
 
 
 
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