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Obituario a D. Antonio López Ontiveros

         El pasado 5 de mayo falleció D. Antonio López Ontiveros. Rodeado de su extraordinaria familia y en paz con Dios, como él quería, se apagó la vida de uno de los grandes geógrafos españoles de nuestro tiempo, uno de los personajes contemporáneos más importantes de nuestra comarca y sin duda, el más ilustre de los luqueños.
         Había nacido en 1937 y su infancia transcurrió en los difíciles años de la guerra y la posguerra, que no pasaron indiferentes por su mirada azul penetrante de sagaz geógrafo y humanista.
         Amaba la vida y las pequeñas cosas con la misma humildad que vivió y, con una sencillez ejemplar, que le honra y magnifica como persona. Rico en amigos, pobres y adinerados, con estudios y sin ellos, fue hombre de pueblo y del pueblo, que viajó y que conoció mundo, lo que le llevó a estudiar a los viajeros románticos del siglo XIX.
         De pueblo por su sencillez, humildad y cercanía en el trato, por el amor a su pueblo natal y la comarca que le vio crecer y por la que disfrutaba paseando cada vez que su ajetreada vida profesional se lo permitía.
         Del pueblo porque siempre fue una persona amable, educada, entrañable, próxima y respetada por sus vecinos y amigos que lo hicieron su hijo predilecto en Luque y en la Subbética.
         Sus estudios secundarios los realizó en Córdoba, la ciudad que tanto quería y donde residió casi toda su vida. Se licenció en Derecho por la Universidad de Granada en 1960 y ejerció como Abogado del Estado, aunque muy pronto continuó con sus verdaderas inquietudes y en 1970 se licenció, y poco después se doctoró, en Geografía e Historia por la Universidad de Murcia. Desempeñó su labor docente e investigadora en las universidades de Murcia, Autónoma de Madrid y finalmente en la de Córdoba, donde en el año 1981 alcanzó la Cátedra de Geografía Humana. Fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba en los años ochenta, Director de la Cátedra Intergeneracional de la UCO, Director del Aula de Religión y Humanismo de Córdoba, cofundador de la Asociación de Geógrafos, miembro destacado de la Real Academia de Córdoba, Presidente del Patronato del Parque Natural de las Sierras Subbéticas del que fue uno de sus grandes impulsores y valedores, fue también un gran defensor de los Humedales del Sur de Córdoba y del paisaje en general que tanto amaba. Ocupó otros cargos, dirigió innumerables tesis doctorales, publicó centenares de artículos y numerosos libros entre los que destacaría su “Geografía urbana de Córdoba y los pueblos campiñeses” y la extraordinaria y monumental “Geografía de Andalucía” que coordinó en 1998, pero no ha podido ver publicada la que quiso fuese su obra póstuma, las “Actas de las II Jornadas de Historia y Geografía de Luque”, (“Los necios sólo se quieren ver a sí mismos”, me dijo), su último trabajo dedicado a su pueblo que tanto quiso y que siempre observo y analizó con el espíritu crítico, científico e inconformista que le caracterizó.
         Recibió numerosos reconocimientos a lo largo de toda su trayectoria profesional y vital, entre ellos el Premio Saavedra Fajardo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Premio Andalucía de Investigación Ibn Jatib de Humanidades y Ciencias Sociales.
         Desde la Universidad fue uno de los impulsores de la creación de la Denominación de Origen Baena y uno de los grandes defensores de la cultura y las gentes del olivar. Defendió la agricultura sostenible como medio de protección del paisaje y motor de desarrollo, y también apostó por el desarrollo de las energías limpias, siendo junto con su familia uno de los pioneros en propiciar la implantación de estas energías en nuestra comarca y más concretamente en Baena.
         Amigo leal, persona íntegra, hombre luchador incansable por sus ideales, defensor como pocos de Andalucía, generoso, bueno y honesto.        
         Maestro, el mejor, el que hacía en sus clases, siempre magistrales, todo un despliegue de saberes y virtudes pocas veces vista en nuestras universidades, que sabía como pocos enseñar y mostrar el camino para aprender.
         Maestro, de maestros como el que escribe, que siempre contará con el afecto y respeto  de sus amigos, discípulos y compañeros.
         Amigo, como ha dicho el profesor José Naranjo Ramírez, “de una generosidad encomiable que le hizo acreedor de un verdadero universo de amigos.”
Tu palabra sigue viva. Tus paisajes exultantes. Descansa en paz.

          
Luis Miguel Serrano López

 
Entrevista a D. Antonio López Ontiveros 02-06-2010
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