CRISIS Y DESACELERACIÓN. UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA A TRAVÉS DE LUQUE (CÓRDOBA)
Agosto de 2008- Revista Feria San Bartolomé

       Crisis y desaceleración, amén de todos los adjetivos que se les quieran añadir para suavizar o enfatizar su significación, son dos términos que están muy de moda, o mejor dicho, de plena actualidad. Desde luego que no pretendo entrar en la discusión sobre cual de los dos términos es el más apropiado para definir la situación global y/o nacional en estos momentos porque parece algo bastante evidente. No obstante, desde una perspectiva histórica cabe decir que la utilización de ambos términos ha ido variando a lo largo del tiempo en cuanto a su carga significativa, de tal manera que no es lo mismo hablar de crisis en la actualidad que en los siglos pasados. Si hoy utilizamos el término crisis tan alegremente para referirnos a un momento de dificultades o complicaciones económicas, también lo hacemos para referirnos a un período de pérdidas e incluso para calificar a una etapa en la que dejo de ganar mucho y paso a ganar menos, es decir, si hoy en día crisis es tanto perder mucho o poco, como ganar poco, y el término se aplica alegremente sin tener en cuenta otros vocablos más apropiados que la riqueza del castellano pone a nuestra disposición (quizás por la pobreza de vocabulario de la que nos acusan los lingüistas y especialmente a muchos periodistas y medios de comunicación que están contribuyendo significativamente al empobrecimiento de nuestra lengua y que viven ávidos de noticias sensacionalistas), desde el punto de vista histórico no ocurre lo mismo, porque pasada la alarma sensacionalista y tendenciosa del momento, y observados los hechos desde la distancia temporal, las cosas tienden a verse en su justa medida o por lo menos en una dimensión menos subjetiva y más próxima a la realidad.
       Así, cuando hablamos del siglo XVII español decimos que fue, salvo para la literatura, el siglo de la crisis, porque estas fueron numerosas, duras y continuas durante toda la centuria, aunque hubo otras muchas antes y después, unas parecidas y otras de muy diversa índole. Si nos centramos en la historia de Luque (Córdoba) podemos ver con claridad varios momentos de verdaderas crisis en los que por diferentes circunstancias el luto inundó las antaño blancas calles de nuestro pueblo.
       Hubo crisis de hambre como por ejemplo entre 1604-05, 1647-52, 1680-83, 1708-09, 1734-37 ó 1780-81. Años en los que la dependencia del campo al 100%, una meteorología adversa, un desequilibrio tremendo de la propiedad de la tierra, unos políticos ineptos y corruptos, y la dureza del régimen señorial, provocaron el hambre, la muerte y el caos en Luque. El pan era el principal alimento de la población y para la mayoría casi el único, y en esos años de malas cosechas su precio se disparaba y muchos labradores recurrían a su ocultación para especular y venderlo a precios astronómicos, tres, cuatro, cinco y hasta diez veces por encima de su valor normal, precios que unidos a su escasez, a veces no hubo ni para sembrar, mataban a muchos de hambre. Por ejemplo, en 1604 la necesidad era tal que el Cabildo se negó a pagar a la Corona los impuestos atrasados de tres años para evitar que el hambre fuera a más, razón por la que tres de los regidores municipales fueron llevados presos a Córdoba. No tenemos por el momento muchos datos de lo que ocurrió en Luque entre 1647-52, pero sabemos que en Córdoba capital el hambre y la peste hicieron perecer a un tercio de su población, lo que puede hacernos una idea de la crudeza de esta crisis que acabó desembocando en un motín popular del que prácticamente no queda documentación en los archivos luqueños. Similar tuvo que ser la crisis de 1680-83, en la que para evitar disturbios se llegaron a realizar registros en casas de especuladores y se requisaron varias partidas de grano que el Cabildo vendió al doble de su precio habitual. Desconocemos la mortandad que hubo, pero si tenemos constancia que produjo un descenso del 35% en la nupcialidad y la natalidad. En 1710 el descenso de la natalidad fue del 20% respecto a la media del período comprendido entre el último tercio del siglo XVII y el primer tercio del siglo XVIII. Años más tarde, en 1734, el hambre acabó radicalizando los ánimos y se produjo el estallido de un motín al grito de ¡Viva el Rey! ¡Muera el mal gobierno!, que a punto estuvo de repetirse en 1737 y que se disolvió, entre otras causas, por el reparto de trigo y cebada del Pósito Municipal a precios asequibles e incluso a débito, hasta que prácticamente se agotó.
       En el siglo XIX asistimos a nuevas crisis, aunque en esta centuria y para el caso de Luque, las crisis más duras estarán provocadas por el cólera, una enfermedad que en el verano de 1834 provocó la muerte de 146 de los aproximadamente 4.000 habitantes que tenía, y que de nuevo en 1885 aparecería con virulencia dejando 55 fallecidos.
       En 1919 serán las reivindicaciones laborales, especialmente la petición de la subida de los jornales, y poner fin a las prácticas caciquiles como el reparto injusto e indiscriminado de los jornales municipales (paro obrero) entre familiares, amigos, allegados y simpatizantes, lo que motivará una huelga obrera que termina con una manifestación en la que mueren dos jornaleros, dos guardias civiles son heridos y 17 obreros del campo fueron llevados presos a Córdoba. Y qué decir de la crisis que se inició en 1936 y cuyas consecuencias todavía sufren algunos luqueños y luqueñas, o del año del hambre de 1945-46 en el que se perdieron los gatos de Luque y hubo quien comió jaramagos de los tejados, o de la miseria generalizada y el paro de la posguerra que provocaron la emigración masiva de finales de los años cincuenta y sesenta que hizo descender el número de habitantes de Luque de los casi 10.000 a unos 4.000 aproximadamente en apenas década y media.
       Como puede verse, del Siglo de la Crisis a la crisis actual se han vivido situaciones muy complicadas. Con mayor o menor duración, motivadas por diferentes causas y con consecuencias muy distintas, todas ellas comparten un denominador común: la pérdida, los números rojos o negativos. Hablamos de pérdida de cosechas y de trabajo, de descenso de los salarios, de descenso de matrimonios y nacimientos, de aumento de la mortalidad catastrófica, de emigración, de pérdida población, de recortes laborales y sociales, etc.
       Desde el punto de vista histórico las cosas están bastante claras, aunque mirando el presente no lo parecen tanto, o al menos, la imagen que nos llega a través de ciertos medios no es tan clara y desde luego es más o menos tendenciosa, lo que genera una confusión generalizada y una alarma desproporcionada que para nada ayuda a resolver los problemas y que desde luego contribuye enormemente a incrementarlos. No se trata de ser sólo críticos y negativos (esto es lo más fácil y lo hace cualquiera), sino de saber identificar que lo que empezó ciertamente como una desaceleración se ha convertido en una crisis (pero no en una crisis como las anteriores que sí siguen ocurriendo en otras partes del planeta) a la que hay que plantar cara mejor trabajando que especulando y mejor aportando ideas que criticando y generando alarma, porque si algo nos ha enseñado nuestra historia es que todas las crisis se superan, y que se remontan con más rapidez siendo positivos, trabajando y ayudando. Flaco favor nos hacemos y les hacemos a los parados y quienes más la sufren, si en lugar de esto contribuimos a acrecentarla, extenderla y dilatarla.

Luis Miguel Serrano López
Profesor de Historia.

 

Crisis y desaceleración, una perspectiva histórica a través de Luque.

 
© J&B 2010